martes, 27 de diciembre de 2011

HABLANDO DE NATURA



El arte de escribir termina siendo un arte de describir, ¿describir?. Si, describir,
representar con palabras un objeto cualquiera, una cosa cualquiera, algo que vemos con los
ojos, que vemos con la nariz, con las manos, con las vísceras, con lo que haya a la mano.
Describir, hasta las sensaciones y las percepciones abstractas se describen, entonces si se
escribe, se está describiendo, ¿o des- escribiendo?, no lo sé, es sólo una cuestión de
análisis etimológico, buscarle las raíces a las palabras como se le busca a todo aquello de lo
cual se le pretende buscarle su origen. !Y si ven!, “Raíces”, sólo las plantas tienen raíces,
porque están ancladas al suelo y de allá no quieren salirse, están cómodas, relajadas, todo
lo que necesitan les llega sin tener que realizar el menor movimiento. Las plantitas son el
ejemplo claro de la pereza y la conchudez; pero eso les va a las plantas, ¿entonces por qué
nos buscamos las raíces nosotros mismos? Cuando nunca pisamos el mismo lugar dos
veces.
Me parece entonces recordar en este instante a Virgilio, o que digo, imaginarlo, es
evidente que después de dos mil cuatrocientos años de edad que me lleva es imposible que
lo hubiese visto alguna vez, pero se me antoja imaginarlo, evocar sus versos; pero no
aquellos de La Eneida, tan famosos heraldos de la gloria romana, no, algo más sencillo
como esos de “Las Georgias”, algo así como:

Por lo demás, cuando el áureo sol ha ahuyentado al invierno y lo ha metido bajo tierra, y
se ha abierto el cielo con luz del verano, ellas recorren al instante los cerros y las selvas,
succionan flores purpúreas y beben ligeramente de la superficie de los ríos. Así es como
dichosas por no se que dulzor crían su descendencia y sus nidos, así es como forman con
arte la cera fresca y crean la miel pegajosa

Los poetas se les ha otorgado la misión de inmortalizar la gloria de los pueblos, y Virgilio
en la “Eneida”, el poema nacional acude a ello, glorificando a la roma de Julio Cesar y de
Augusto, la Roma de la República y la civilización; pero estas Georgias, este poema escrito
en cuatro mamotretos, acude de manera simple y singular al ciudadano romano, pues el
romano, desde el Cónsul, o el Senador, hasta el más humilde encontraban su esencia en el
campo. En realidad Roma no era para los romanos más que un lugar espléndido para tomar
el fresco en los calurosos veranos de la península itálica, pero su hogar se hallaba en la
tierra, en las campiñas cultivando sus viñedos y sus siembras de cereales. No era extraño
observar a un senador de la República arreando sus bueyes, no era extraño observar a
cualquier romano entre los campos porque al final eran eso, era un pueblo de campesinos
que evolucionó sin abandonar su esencia, tal vez por ello fueron grandes, y tal vez por ello
mismo su imperio se les desplomó, cuando dejaron de lado la razón de su grandeza.
Las Georgias son eso, un compendio de cuatro libros en donde Virgilio nos da cátedra en
agricultura y ganadería, pero sobre todo, Las Georgias es una mirada la cultivo de la vida,
pues así como nos buscamos las raíces debajo de los pies, así mismo, eso que está afuera,
eso que le decimos Naturaleza y que cada vez es más escasa, eso, eso es lo que somos,
somos parte del planeta tal cual nos fue entregado aunque nos de vergüenza reconocerlo.
Pero ahora no quiero evocar a Virgilio, tal vez viajar un poco más acá en el tiempo, tal vez
de este lado del atlántico y un poco más arriba, tal vez buscar a Whitman

Las primeras lilas se hacían parte de este niño,
y la hierba y el dondiego de día, blanco y rojo, y el trébol, blanco y rojo, y el canto del
febe, y los corderos nacidos en marzo y los lechones sonrosados, de la marrana, y el potro de
la yegua y el terreno de la vaca la pollada ruidosa en el corral o junto al fango
del estanque , y los peces que se suspenden tan curiosamente
allá abajo , y el hermoso y curioso líquido y las plantas,
acuáticas con sus cabezas gráciles y planas... todo se hacía parte suya

Whitman, espíritu libre, Whitman, poeta de la sencillez y la vida hecha belleza pura,
Whitman entre riachuelos veía correr la existencia en un transcurrir apaciguado sin
aspavientos ni tensiones, simplemente corre, corre como el río que corre tranquilo como las
horas del día, como las doce horas del sol y de la luna, “ y todo se hacía parte suya”
Whitman sabía igual que los griegos que todo se encuentra conectado con todo, que el
conjunto de todo es lo que hace un mundo y nosotros el todo y la parte simultáneamente.
Pero ¿ en qué momento dejamos de serlo? ¿En qué instante de la existencia dejamos la
natura y construimos una nueva con ritmos de tiempo distinto y hábitads de concreto y
automóviles; y sin embargo aún decimos “eres tan hermosa como una rosa”. Recuerdo que
Neruda lo dijo bien recuerdo que dijo:

Dime ¿La rosa está desnuda o tiene un sólo vestido?

Y así nos vamos de rosa en rosa, y exportando rosas, y comprando rosas en Paloquemao
por docena, y no faltan rosas en cualquier cita, aniversario o San Valentín, y de la rosa se
hizo la simbología del amor, y arrancarlas de la tierra se hizo común, sacándolas de su
estado de comodidad y relajamiento. ¿Tanto mal nos han hecho las rosas enamorando? ¿O
es que no se puede ver a un pobre acomodado?


Pero entonces, regresemos un poco más a estos entornos, y recordemos a un poeta
Colombiano, al nariñenze Aurelio Arturo y su poema Lluvias:

Ocurre así
La lluvia comienza su pausado silabeo
En los lindos claros de bosque
En donde el sol trisca y va juntando
las lentas sílabas y entonces
suelta la cantinela

Y entonces también Arturo describe un fenómeno natural, la lluvia, esa de la cual nos
escondemos en las frías tardes Bogotanas, esa que se esquiva, esa que queremos no nos
toque, no nos dañe el vestido, el peinado, esa que se combina con el gris de las nubes y
hace del día una apología a la depresión y la melancolía. ¿Pero acaso la lluvia tiene la
culpa? ¿En qué instante culpamos a la lluvia de nuestras pérdidas y fracasos?, y bien
entonces nos montamos en hacerle símbolo a ella de todo aquello de lo cual no queremos
sentir, olvidando cuando niños que el correr bajo la lluvia valía más que cualquier cosa,
pero olvidamos mojarnos, así como olvidamos sentir el agua fría correr entre la piel, y el
poeta lo recuerda “En su pausado silabeo”, así como notas musicales que armónicamente
rebotan contra el suelo. En su pausado silabeo como palabras ordenadas que nos llaman un
nombre que retumban la memoria y la consumación. En su pausado silabeo en los lindos
claros del bosque, ese mismo que ya no vemos, ese mismo que se encuentra entre los cerros
y que no se tocan, apenas se observan desde el funicular que en cinco minutos nos tiene en
un restaurante en Monserrate.

Pero si bien estaba Arturo por el sur, por el norte y en pleno caudal del río Magdalena
hallamos al hermoso Candelario Obeso, escribiendo en su lenguaje natural, en Momposino
como siempre fue, como siempre escribió

Er pato , viéndolo bien,
E bruto mui animá
Poco entiende re cariño
Nara hai en er re ejpeciá
Como a toj loj alimale
No e menejté lo enseña
A conocé lo alimentos,
N en las aguas a nará...
Sinemgacgo en ello he vijto
Una cosa que anotá:
Er macho cubre a la jembra
Con su bajte naturá;
I luego que en su guevito
La mira amorosa echá ,
A su suecte é indiferente

Puedo afirmar que cualquier seudo intelectual se tomaría de los cabellos intentando
comprender el poema, no sólo por su escritura, sino pues ¿a quién se le ocurre hacerle un
poema a un pato? Si existen cosas más trascendentes en la poesía que un pato, si los
problemas del hombre se encuentran en urgencia, y este hombre le hace un poema a un
pato; y quién dice entonces que el pato no hace parte del mundo, y quién dice entonces que
este pato no es un espejo que nuestros ojos esquivan. Y es aquí donde nos dirigimos al
punto, y es aquí donde tomo los granos y se los lanzo a todos ustedes que se encuentran
expectantes. Si el problema era conocer el vínculo entre la literatura y la natrualeza, el
vínculo es tan obvio como la pregunta misma, y ya lo dijo Virgilio, y Whitman y Arturo,
Neruda, y muchos otros que no pasaron por aquí, Eliot, Blake, Pessoa, Gomes Jattin, y
muchos más, el gran Kippling en sus libros de la selva y las tierras vírgenes, y muchos
otros, ¿y por qué no decir todos? Si a final de cuentas, todo poeta, todo narrador, todo
dramaturgo ha hecho una apología a la naturaleza en cada una de sus obras y es así porque
la naturaleza lo comprende todo, se refiere a todo, el mundo es natural, la rosa, el río, el
mar y su oleaje, todo es símil de belleza y objeto de metáfora para referirnos a todo y en el
todo regresamos a lo mismo, al mundo, al mundo natural en el que alguna vez nos echaron
por un útero y un vientre abierto que nos tiene aquí; pero entonces de donde viene al
pregunta, o por qué hacer paralelos, y la respuesta salta en que opusimos distancia con el
propio mundo creando uno nuevo, uno lleno de ciudades, de edificios y televisores plasma,
uno colmado de aparaticos Mac, de comunicaciones virtuales, nos inventamos un nuevo
mundo sin necesidad real puesto que así como las plantitas que no se mueven para recibir lo
que a ellas les es necesario, a nosotros nos correspondía lo mismo; pero establecimos
distancia, creamos democracias, construimos nuevas realidades y en ese afán de
desterrarnos del mundo, la belleza del mismo nos sorprende, y hacemos símbolo a los
bosques porque ya no los habitamos, y nos sorprende el mar puro y cristalino porque los
actuales los llenamos de basura, y nos sorprende un amanecer, el canto del pájaro acallado
por el canto del motor de los automóviles, extrañamos el mundo, y describirlo ya se hace
metáfora, y hablar de naturaleza es contar un mundo tan ajeno así como ajenos somos de
nuestra propia esencia, tal vez por eso no somos grandes como los romanos, tal vez por ello
caminamos vacíos entre las calles levantadas de piedra y soledad, tal vez por ello nos
vemos cada vez menos, tal vez por ello no nos vemos, y tenemos que construir odas a la
naturaleza, la misma que nos observa y nos describe, nos resuelve preguntas. La naturaleza
nos brinda las respuestas a todo pero no las vemos, el correr del río es el río del tiempo,
las raíces de los árboles nos dice que pertenecemos a un lugar en el mundo, son tantas
metáforas y tantas significaciones que al alejarse se hacen claras, y al acercar se pierde el
foco.
Pero para eso está la poesía, para simbolizar y revelar, para exaltar aquello que se pierde en
la mirada de todos, para mostrar un poco el camino, el paso perdido entre los vacíos del
hombre contemporáneo. Virgilio lo sabía, Whitman nunca lo olvidó, y ahí están los
referentes de lo cual hoy nos toca, llamar al orden y salvar un mundo que muere más de
olvido que de oprobio, que desvanece en el abandono del campesino por su tierra para
buscar el sueño urbano, el confort urbano que muestran en los televisores plasma. Ahí
están los referentes que reafirman lo que sabemos de sobra, pues de no ser así, no
compararíamos la belleza con cualquier objeto de la naturaleza, no diríamos que “tus ojos
son dos lunas” “ tu cabello una fina cascada”;y eso es lo que más pesa, que lo sabemos y
todo parece permanecer indiferente.
Si se trata de establecer la relación que tiene la naturaleza con la literatura, no queda más
que decir que es precisamente eso, es el tránsito del conocimiento de la misma a nuestros
ojos, es el viaje de su belleza a nuestra piel, es describirla de tal forma como ya no la
vemos, como ya casi no la recordamos, hasta los parques naturales parecen tan artificiales,
que no encontramos una gota de pureza ni en el aire mismo, la palabra describe aquello
que siempre nos fue dado, la palabra monta el puente y de allí podemos observar y tal vez
aventarnos a cruzar. Es difícil abandonar ser sujetos de ahora, es difícil abandonar la calle
por la noche estrellada, es difícil abandonar la oficina por el arado y tal vez pocos lo harán;
pero mientras tanto la poesía recordará y evocará eso que está allí que se llama mundo,
que ha existido siempre y que tiene todas las respuestas, las respuestas que no encontramos
en el cruce de la calle o en el cambio del semáforo...

No hay comentarios:

Publicar un comentario