No echemos más cuento, en el país del sagrado corazón y de la subida a Monserrate con fríjoles en
los zapatos nos gusta sufrir por naturaleza,
somos unos masoquistas de miedo, y que somos el país más feliz del mundo
¡Cómo no!
Veámoslo desde un punto más arriba, mientras en otros lugares del mundo las
separaciones y pérdidas afectivas se tratan con psicólogo de oficio y grupos de
auto-ayuda, aquí la moda es hacerle todo un culto al despecho, hasta festival
hay, que no es más que una cumbre de
borrachos divorciados o abandonados que empinando el codo se dan látigo
recordando al ser amado que los dejó tal vez por el ser amado del respectivo (¿si
me hago entender con la secuencia?) pero
en fin, es un grupo de chillones insufribles que le cuentan sus dolores de
abandono a cualquier parroquiano que se les aparece llevados de la hinchera , mientras el sujeto
receptor no halla la manera de zafarse
de semejante pisco tan aburridor. Y para
acabar de completar la música popular no ayuda mucho, interpretadas con guitarras cuyas cuerdas
suenan tan tremendamente ordinarias que hasta alcanzan a transmitir por el reproductor
la raja que tienen en el aro derecho y el pedazo de cinta trasparente que
le ponen encima para que no se les termine de romper, y cuyas letras son tan inspiradoras que van desde toda clase de ignominias a la persona aquella
que los abandonó, hasta suicidios y asesinatos pasionales en trío que en la
mayoría de los casos terminan
materializándose en la realidad.
Qué bonito país, pero
para acabar de completar cuando no es
por amor, nos toca estrellarnos contra
el suelo con los fracasos de la selección de fútbol. No hay derecho, - Es que esta vez sí, es que
ahora si hay equipo; y vuelve la burra al trigo y más burros nosotros después de
apretar las nalgas por noventa minutos,
otra decepción más cae sobre nosotros.
No sé cómo será en otros países,
tal vez simplemente dicen - sólo es un juego y ya, y ganen o pierdan siguen con su vida normal;
y si el país es demasiado maleta pa´ eso
del fútbol pues tal vez le den
importancia igual a cero; pero nosotros, fieles
nostálgicos del cinco cero en el estadio de river, el uno a uno contra Alemania en el mundial del 90, del cuatro a cuatro contra la URS en chile, y pues sí, de una copa América hace
diez años que es lo único que esta selección ha ganado, aún nos preguntamos si
esta vez sí iremos al mundial de nuevo,
así sea para hacer el oso.
Miren bien, todo es como las relaciones afectivas, tanto
contra Venezuela como contra Argentina
fue así, se inicia ganando por un
gol de media distancia, así como cuando
se levanta una mujer, comienza el
romance, la ilusión, los ojitos brillanticos, el te
amaré siempre y toda esa parafernalia que uno termina creyéndose, y así termina
el primer tiempo, pero comenzando el segundo
y sin saber de dónde cuernos el otro equipo saca fuerzas coge mal parado al equipo y tome, el empate, ¿mal parados?
¡Mal par….! Igualito, no es que
se descuide uno y aparece un gañán de
cualquier lado con nadadito de perro que
esperan cualquier descuidito y se
mete en el medio; y entre el desespero tome dos uno y pa las duchas.
Yo me pregunto a carta cabal, en serio, ¿somos masoquistas? , porque así como se les
termina rogando después al abandonante,
así mismo cuando se va acercando
la siguiente fecha de la eliminatoria
uno comienza con las mismas masturbaciones mentales y se anima y saca
banderitas se pone la camiseta amarilla Adidas y hasta invita a los amigos a
ver el partido en el televisor nuevo; para qué,
para terminar después de los noventa minutos con un dolor en las nalgas impresionante y
una pena en el corazón insoportable.
Somos un país de masoquistas, amamos el fútbol y esa creo es nuestra mayor desgracia.
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