miércoles, 16 de noviembre de 2011

PAÍS DE MASOQUISTAS



No echemos más cuento, en el país del sagrado corazón  y de la subida a Monserrate con fríjoles en los zapatos nos gusta sufrir por naturaleza,  somos unos masoquistas de miedo, y que somos el país más feliz del mundo ¡Cómo no!
Veámoslo desde un punto más arriba,  mientras en otros lugares del mundo las separaciones y pérdidas afectivas se tratan con psicólogo de oficio y grupos de auto-ayuda, aquí la moda es hacerle todo un culto al despecho, hasta festival hay,  que no es más que una cumbre de borrachos divorciados o abandonados que empinando el codo se dan látigo recordando al ser amado que los dejó tal vez por el ser amado del respectivo (¿si me hago entender con la secuencia?)  pero en fin,  es un grupo de chillones  insufribles que le cuentan sus dolores de abandono a cualquier parroquiano que se les aparece  llevados de la hinchera , mientras el sujeto receptor  no halla la manera de zafarse de semejante pisco tan aburridor.  Y para acabar de completar la música popular no ayuda mucho,  interpretadas con guitarras cuyas cuerdas suenan tan tremendamente ordinarias que hasta alcanzan a transmitir por el  reproductor  la raja que tienen en el aro  derecho y el pedazo de cinta trasparente que le ponen encima para que no se les termine de romper, y cuyas letras  son tan inspiradoras que van desde  toda clase de ignominias a la persona aquella que los abandonó,  hasta suicidios  y asesinatos pasionales en trío que en la mayoría de los casos  terminan materializándose en la realidad.
Qué bonito país,  pero para acabar de completar  cuando no es por amor, nos  toca estrellarnos contra el suelo con los fracasos de la selección de fútbol.  No hay derecho, - Es que esta vez sí, es que ahora si hay equipo; y vuelve la burra al trigo y más burros nosotros  después de  apretar las nalgas por noventa minutos,  otra decepción más cae sobre nosotros.  No sé cómo será en otros países,  tal vez  simplemente dicen  - sólo es un juego y ya,  y ganen o pierdan siguen con su vida normal; y  si el país es demasiado maleta pa´ eso del fútbol pues  tal vez le den importancia igual a cero;  pero nosotros,  fieles  nostálgicos del cinco cero en el estadio de river, el uno a uno  contra Alemania en el mundial del 90,  del cuatro a cuatro contra la URS  en chile, y pues sí, de una copa América hace diez años que es lo único que esta selección ha ganado, aún nos preguntamos si esta vez sí iremos al mundial  de nuevo, así sea para hacer el oso. 
Miren bien, todo es como las relaciones afectivas, tanto contra Venezuela como contra Argentina  fue así,  se inicia ganando por un gol de media distancia,  así como cuando se levanta una mujer,  comienza el romance,  la ilusión, los ojitos brillanticos,  el  te amaré siempre y toda esa parafernalia que uno termina creyéndose, y así termina el primer tiempo, pero comenzando el segundo  y sin saber de dónde cuernos el otro equipo saca fuerzas  coge mal parado al equipo  y tome, el empate,  ¿mal parados?  ¡Mal par….!  Igualito, no es que se descuide uno y aparece un gañán  de cualquier lado con nadadito de perro que  esperan cualquier descuidito  y se mete en el medio;  y  entre el desespero tome  dos uno y pa las duchas.
Yo me pregunto a carta cabal, en serio,  ¿somos masoquistas? , porque así como se les termina rogando después al abandonante,   así mismo  cuando se va acercando la siguiente fecha de la eliminatoria  uno comienza con las mismas masturbaciones mentales y se anima y saca banderitas se pone la camiseta amarilla Adidas y hasta invita a los amigos a ver el partido en el televisor nuevo; para qué,  para terminar después de los noventa minutos  con un dolor en las nalgas impresionante y una pena en el corazón insoportable.
Somos un país de masoquistas,  amamos el fútbol  y esa creo es nuestra mayor desgracia.