“Aún proceden los
cazadores de brujas”. Este pensamiento me embargó en el mismo instante en que el Concejal de
Bogotá Marco Fidel Ramírez, un amable y
puritano pastor de iglesia Neo
protestante, preocupado por el destino
moral del mundo y de ¡Cómo es posible que homosexuales tengan acceso a cargos
en entidades del distrito”, de manera
formal solicitó al Canal público
distrital “Canal Capital” que entregara
las hojas de vida, salarios y cargos asignados, de personas pertenecientes a la
comunidad LGBTI de Bogotá.
El debate se armó y el Concejal abrogándose el título de “Concejal
de la familia” (aunque mi familia no lo
quiere ni ver) hizo esta solicitud al director del canal, el periodista Hollman Morris, quién
acudiendo a los principios constitucionales, y obviamente al respeto por la
libertad, la intimidad y la “No
segregación”, principio básico del
Alcalde actual y su programa Bogotá Humana Ya y a su vez, primer eje temático
del Plan de Desarrollo Distrital; se
negó de manera contundente y procedente a entregar esta información.
Qué puedo decir ante esto. Nuestro estimado concejal de la
familia, en su intento por evangelizar
la ciudad para su iglesia, y en sus
escandalizaciones moralistas que sólo le tocan a él, con este intento de solicitar información confidencial del
Canal, da el primer paso para lo que
podríamos llamar un nuevo tiempo de cacería de brujas en la ciudad de la no
segregación, ¿Qué intención tiene el
solicitar información de la población LGBTI? ¿Acaso la tendencia sexual de cada sujeto no
es problema específico de él mismo? Ahora
podríamos decir qué, para que Hollman Morris entregara la información
solicitada a nuestro concejal remedo de Ned Flanders, reuniera a todos sus funcionarios y les
hiciera preguntas sobre su vida sexual,
sus inclinaciones y si se encuentra dentro de las categorías de los “Bi”, los “Pan”, o cualquier
derivación de la diversidad sexual actual.
¡A quién le importa la tendencia sexual de cada quién!, ¡Está tan desocupado nuestro concejal Ned
Flanders que no tiene de otra que
perseguir a quien no le sigue en su rebaño de ovejas y mulas que lo escuchan
cada domingo en su sermón dogmático, radical y totalmente intolerante”.
Este puede ser un inicio de una nueva Cacería de brujas en
Bogotá, en una Bogotá que le apuesta al respeto a la diferencia, al ser humano
y la libertad del individuo, principios consagrados en la constitución del
91. Sólo nos queda a nosotros, la
sociedad civil, pensar efectivamente en dónde estamos parados, de parte de los
cazadores, o del lado de quienes respetan la libertad, la vida y la
diferencia, estamos del lado de un
Concejal perteneciente al partido “PIN” que es la fusión de una serie de
partidos dónde la mayoría de sus
miembros tienen nexos con el paramilitarismo.
En los últimos días el Concejal Ramírez abandonó el país
pues se sintió amenazado por los
mensajes que dejaron la sociedad Civil en las redes sociales. Su miedo no radica en el temor por su vida,
sino por saber que en esta Bogotá, los
tolerantes somos más, aquí no quemamos brujas, aquí respetamos a todos.
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