martes, 4 de octubre de 2011

DESATINOS DE UN NUEVO RICO

Después de las declaraciones del Departamento de Planeación Nacional, correspondientes a los tales ciento noventa mil pesos per cápita que superan la línea de pobreza, a mi cabeza llegan una cantidad de incertidumbres sobre mi nueva posición de “Nuevo Rico”. En realidad a ustedes no les importa saber cuánto gano mensualmente, pero obviamente y según el dichoso informe, puedo decir a los cuatro vientos que me encuentro por encima de la línea de pobreza, así como todos mis amigos conocidos, familiares, es decir, ahora todos somos potentados, grandes terratenientes, latifundistas, altos ejecutivos, etc… ¡Somos Ricos Todos en Colombia!, lo cual nos debería llenar de júbilo y hacer una fiesta nacional en pro de nuestra nueva posición social. Sin embargo debo decir que posterior a recibir la noticia, me encontré con que en realidad no todo el mundo se había enterado de la noticia, puesto que en el momento de asumir mi nueva posición social en la élite de este país dictada por el DNP, las respuestas por parte del conjunto de instituciones, entidades y grupos que hacen parte de la élite mencionada no fueron muy acordes a lo dictado por el dichoso DNP Todo inició en la mañana, una noticia en Caracol Radio me avisa que mi posición social había cambiado, inmediatamente me dispuse a asumir mi condición de nuevo rico, y me dirigí al primer Club Social que encontrara. Debo mencionar que visité tres, y en los tres pinches clubes me dijeron lo mismo, que la acción constaba un jurgo de millones, lo cual dista de mis ciento noventa mil pesitos mínimos de nuevo rico, que mi apellido no se encontraba entre los Urrutia, los Lleras o cualquier apellido de esos que eran ricos antes del manifiesto DNPlantiano y que si no me iba y dejaba de hacer escándalo, llamarían a tres guaimarones de seguridad a que me dieran de palos para que despejara el área. Fue entonces mi primer fracaso de nuevo rico, pero no iba a desfallecer en hacer valer mi nueva condición de ciudadano élite, y fue entonces que recordé el asado que iba a realizar el domingo en la terraza de mi casa. Teniendo en cuenta que las páginas sociales de los periódicos cubren los eventos de los ricos, pues lo más lógico fue que viniera un corresponsal a cubrir el evento del sábado en la noche y que fotografiaran a mí y mis amigos con una botella de Águila en una mano y el plato de icopor con el respectivo piquete en la otra. Pues los de los periódicos también se hicieron los de las gafas con el cubrimiento de mi evento social, y hasta me preguntaron si estaba bien de la cabeza y que me hiciera ver de un psiquiatra. La cosa no podía estar peor, nadie me respetaba mi condición de ciudadano elitista lo cual; y no es broma dan ganas de llorar; es como ilusionar a un niño con una paleta que nunca llegará. ¡No hay derecho! ¡Eso no se hace! Así fue terminando mi día, y no sólo fue con los clubs y los periódicos, también fue cuando pedí un mausoleo en el cementerio central, cuando le pedí al banco que me cambiara mi tarjeta de crédito a “dorada” con cupo ilimitado, todo daba a entender que el único que había escuchado la noticia que ahora todos somos ricos era yo, la desesperación llegó hasta el límite y terminé por pensar que todo fue producto de mi imaginación, y tal vez tal cosa me lo soñé, o fue una nota que debí haber escuchado en un portal de otro país. Siendo las cinco de la tarde doña Berta, la señora que hace la limpieza se acercó para despedirse, y como un rayo en mi cabeza, como las iluminaciones o las inspiraciones de esas que le llegan a los genios, recordé el rubro que le pago mensualmente por sus servicios en mi casa. De pronto me dio por preguntarle - ¿Doña Berta, usted ha visto noticias hoy? La señora apenas me miró con ojos de querer matarme pues con todo el oficio del día que le iba a quedar tiempo para ver o escuchar noticias, para posteriormente y con un sutil pero mortero “No”, respondió a mi pregunta. - Ah bueno, pues es mejor que no lo haga, fueron tantas malas noticias hoy que deprimen a cualquiera Y con estas palabras la señora se retiró, y tomó rumbo a su casa en las lomas de la ciudad, y yo, con un suspiro de alivio, agradecí que doña Berta no se hubiese enterado que a partir de ese día también era una nueva ricachona de este país. Donde se entere me hace decirle doctora de ahí en adelante

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